El mes de mayo fue bastante productivo culturalmente hablando. Teniendo en cuenta que hacía un montón que no cogía un libro y me lo terminaba, haber acabado con El rumor del oleaje me ha hecho volver a sentir el gusto por la lectura -aún sin haberme entusiasmado el libro-.
Cuando lees te puedes transportar a un mundo paralelo en el que todo es posible. La imaginación no tiene más límites que los que tú te impongas, y esto hoy día en una ciudad como es Barcelona me parece muy importante para no dejarte arrastrar por las marabuntas de gente estresada por los pasillos del metro.